sábado, 2 de diciembre de 2006

La venganza del estornudo



¿Por que empiezo hablando del estornudo? Pues porque por algo hay que empezar. Un estornudo es un buen tema como cualquier otro. Sobre algo hay que escribir, ¿no? si la gente por la calle puede hablar sobre el pedo que se tiro, que casi mata al vecino que iba en el mismo ascensor, ¿por que no empezar a escribir sobre un estornudo?
Y es que los estornudos son algo curioso. Pueden ser lo más maravilloso del mundo: te despejan la nariz, te liberan de un peso en el pecho que ni siquiera sabias que tenías, te quita ese picor de nariz tan molesto... (Que fue el que provocó el estornudo, pero después lo agradeces).
Pero también pueden ser lo peor que te puede pasar: ¿a quien no le ha pasado que ha estornudado en el momento menos oportuno? Justo en ese momento, mientras ves una peli en el cine, cuando todo se queda en silencio... en la iglesia, en plena misa, cuando todo el mundo se queda callado para rezar. A mi eso no me ha pasado nunca, porque no voy a la iglesia, pero tiene que ser una putada, sobretodo si pones la mano delante y después le tienes que dar la paz al de al lado. Incluso puedes hacer el ridículo de mala manera con un estornudo, que fue lo que me pasó a mí.
Todos sabemos los trucos para provocar un estornudo que no quiere salir de donde está. Hay que comprender al estornudo, lo queremos sacar de un lugar donde está recogidito y calentito, para extenderlo por el aire en todas direcciones. O para dejarlo pegado a un pañuelo. O, en el peor de los casos, para ir a parar a la mano del dueño, el cual después lo extenderá por el pantalón y la parte delantera de la camisa. Que asco, ¿no? pues imagínense como se siente el pobre estornudo, maltratado de esa manera.
De igual manera, se sabe que hay cosas que uno no puede evitar hacer cuando estornuda. Una es cerrar los ojos. ¿Acaso estamos preparados genéticamente para no ver al estornudo cuando sale? es posible que nuestros antepasados se sintieran culpables al echar al estornudo del cuerpo. Debe ser difícil mirarlo a la cara después de lanzarlo fuera de su casa como si no lo quisiéramos. Debe ser una imagen parecida a la de aquel anuncio, el cual espero que recordemos todos, en el que se veía un perro, de pie en medio de una carretera, y debajo ponía, "no lo abandones, el no lo haría". ¿Cómo se sentirían nuestros antepasados al ver al estornudo con esa carita de pena, abandonado a su suerte en el aire? quizá por eso hoy en día cerremos los ojos. Por culpa.
Otra cosa inevitable es lanzar la cabeza hacia delante, como si quisiéramos darle un cabezazo al pobre estornudo. ¿Es que después de abandonarlo y esparcirlo por ahí, queremos matarlo? Pobre estornudo… con lo despejadita que nos deja la nariz.
Pero a veces el estornudo se venga de nosotros por tantos siglos, que digo, milenios de repudio. Se venga, dejándonos, como ya dije al principio, en un ridículo total. Pónganse en situación. Un día cualquiera, en tu casa, te estas duchando en uno de esos platos de ducha de 50 x 50 que casi no cabe ni el agua. De repente, y sin previo aviso, te empieza un cosquilleo en la nariz. Subes una mano, y te rascas como puedes. El picor no desaparece. Lo sigues intentando, una y otra vez, pero sigue ahí. Te temes lo peor… un estornudo se mueve en tu interior. Tu cuerpo intenta sacarlo, pero no puede. Necesita ayuda urgentemente. En ese momento viene a tu memoria el famoso truco trasmitido de generación en generación desde la antigüedad. Levantas la cabeza, mirando fijamente al techo. Notas como poco a poco el estornudo sale de ti. Por fin, justo cuando el pico ya es insoportable, sientes como sale disparado de tu fosa nasal.
Justo en ese momento, el estornudo, sintiéndose amenazado, y viendo que su abandono y muerte es inminente, ejecuta su venganza. Hace uso de tus genes y te obliga a cerrar los ojos. Indefenso como estas, sin poder ver las acciones malignas del estornudo, tu cuerpo queda a su merced, haciendo que la cabeza salga disparada hacia delante. Como es normal, tu cerebro inocente cree que se trata de algo normal, de un impulso lógico de tu cuerpo, pero está totalmente equivocado. De lo que no se da cuenta tu cerebro es de que todavía estas en la ducha de 50 x 50, encerrado en un cubículo formado por una cortina y unas paredes. En el que si haces cálculos, la pared de enfrente, está a menos de treinta centímetros de tus cerrados ojos, cruzándose justo en la trayectoria creada por el estornudo para tu cabeza. La venganza del estornudo se ha materializado. Tu nariz queda despejada del molesto estornudo, pero tu cerebro está removido por el impacto contra el azulejo de la pared, y tu orgullo acompaña al agua que se va por el sumidero. Afortunadamente, la cortina está cerrada y no te ha visto nadie.

1 comentario:

Denisse dijo...

Vaya!! bienvenido al mundo ste de los blogs... en q o tmpoco stoy muy metida q digamos!!
por crto.. spero q l porximo cpaitulo no vaya sobre el picazon dl ojete!! ajajaj